Analizando el rebranding de MAPFRE
- Itziar Villar Helguera
- hace 4 días
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 4 días
Cómo actualizar una marca con 90 años de historia sin romper la confianza
Hay marcas que no pueden permitirse equivocarse.
No porque el diseño sea más importante para ellas, sino porque el impacto de cualquier decisión se multiplica por millones de usuarios, clientes y puntos de contacto.
MAPFRE es una de ellas.
Actualizar una marca con más de 90 años de historia no consiste en hacerla “más moderna” ni en alinearla con tendencias visuales del momento. Consiste en entender qué parte de su identidad es estructural, qué parte es circunstancial y qué parte necesita adaptarse a cómo hoy usamos, leemos y consumimos las marcas.Este rebranding no es un ejercicio estético. Es una decisión de arquitectura de marca.
El reto real de las marcas con historia
Cuando una marca ha acompañado a varias generaciones, su identidad deja de ser solo un activo visual. Se convierte en un elemento emocional, casi cultural.
En estos casos, el mayor riesgo no es cambiar demasiado, sino cambiar sin criterio.
Muchas marcas históricas fracasan en sus procesos de actualización porque confunden renovación con ruptura. O porque intentan parecer algo que no son.
El reto real es este: evolucionar sin romper lazos.

Evolución, no ruptura
MAPFRE ha entendido que su mayor activo no es su estética, sino su reconocimiento.
Mantener el trébol como símbolo central es una decisión estratégica. No se trata de nostalgia, sino de memoria visual colectiva. El trébol no es un elemento decorativo: es un identificador inmediato.
Eliminar el círculo que lo contenía no es un gesto superficial. Es una decisión funcional que permite que el símbolo respire mejor, escale correctamente en digital y se adapte a múltiples contextos sin perder legibilidad.
Aquí el diseño no busca sorprender. Busca funcionar.
Mejora digital
Muchas identidades históricas siguen pensadas para soportes que ya no son prioritarios.
Hoy la marca vive en apps, webs, banners, notificaciones, pantallas pequeñas y entornos de alta velocidad visual.
El rediseño de MAPFRE responde a esa realidad: simplifica formas, mejora contrastes y prioriza la legibilidad.
Esto no es “hacerlo más moderno”. Es hacerlo usable.
Cercanía a través de la tipografía
El cambio tipográfico es uno de los puntos más comentados.
El uso de minúsculas no resta autoridad. Lo que hace es eliminar fricción. Reduce la distancia entre marca y usuario sin perder solidez al combinarse con su nuevo universo de marca, lo cual complementa la decisión del logotipo y tipografía a la perfección.
Además, el desarrollo de una tipografía propia refuerza el mensaje de cuidado y coherencia. No es una solución genérica ni improvisada.

El color como ajuste estratégico
El nuevo rojo no rompe con el anterior, lo optimiza.
Es más vibrante, más visible en digital y más consistente en diferentes soportes.
De nuevo, una decisión funcional con impacto perceptivo.
Y tú, ¿qué opinas de este rediseño?
Me parece acertado
No lo veo





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